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Miles de personas en el mundo han recuperado la alegría y el encanto de la vida.

Talleres de Oración y Vida

Padre Ignacio Larrañaga

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Padre Ignacio Larrañaga

Callar es Amar

  • noviembre 11, 2017
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El Modo ideal de respetar es el silencio. Silencio interior, en primer lugar. Como dice Pablo, es en el corazón donde nacen las rencillas y riñas. La murmuración, antes de ser esa fea fonética, comienza por ser un nocturno desabrido en el interior. Es en el corazón donde cada uno tiene que atajar y silenciar la murmuración, y ofrecerle a Jesús como un sacrificio oblativo. No pensar mal. No sentir mal. Respetar al otro callando en la intimidad.

Silencio exterior, en segundo lugar. Muchas veces no se pueden justificar ciertas reacciones de una personalidad, o ciertas actitudes irregulares de algunas personas, porque son defectos evidentes. Pero siempre podremos respetar las espaldas del hermano ausente, simplemente callando. Es, el silencio, una actitud tan noble y elegante…

Al enterarme del pecado de mi hermano, mi mejor homenaje hacia él y mi manera primera y concreta de amarlo, consistirá en echar siete llaves al tal secreto, y el día de la muerte bajar a la tumba con el secreto archivado, sin que, de mi boca, hubiese salido ninguna información directa ni indirecta.

Ciertamente no basta callar. Eventualmente, hay que informar, alguna vez. Sobre todo, hay que elevar al prójimo pecador. También en esto consiste el amor. Pero el primer deber es encubrir con el manto del silencio las espaldas del hermano pecador. En esto está la misericordia y la sabiduría.

Muchas veces no se consigue nada con polemizar, defendiendo con palabras ardientes el prestigio menoscabado del prójimo, porque los demás arrecian en su ataque. En cambio, simplemente al callarse, uno ya está defendiendo al otro, con altura y dignidad.

En nombre de la confianza, se puede quebrantar la cortesía. Y no es raro encontrarse, en algunas familias, con personas que, en nombre de la confianza, se tratan mutuamente con expresiones y modales vulgares.

Uno de los síntomas más seguros de madurez humana es la capacidad de guardar en silencio las confidencias que se reciben, o las pequeñas irregularidades humanas que se observan.

Una persona poco madura recibe una confidencia u observa algo errado, y en lugar de ser señora de sí misma y retener la noticia, se quiebra al peso psicológico de la información, le traicionan los nervios, se le sueltan las noticias, cuenta, se derrama…

Cultive el silencio con la misma devoción con que un creyente cultiva la amistad de Dios. Llegó a sus oídos una noticia explosiva. ¡Qué ganas de contarlo! Guárdela en el cofre del silencio. Comience por cubrir al pecador con el manto del silencio.

Extractado del libro “Sube Conmigo” de p.Ignacio Larrañaga